Empresas que se encuentran en un mercado saturado, que están estancadas, o simplemente quieren crecer o ya están creciendo y quieren minimizar el riesgo y asegurar el éxito en la puesta en marcha de sus estrategias.
La estrategia muchas veces se identifica con la definición de escenarios y la toma de decisiones y llevar a cabo acciones que sólo tienen que ver con la dirección y se sitúan más en el largo plazo que en el medio plazo.
Desde Lawell entendemos que la estrategia debe ser algo que por el contrario de lo que se habÃa entendido hasta no hace mucho tiempo que eran aspectos que nada tenÃa que ver con los empleados, que son estos dado el poder que se les debe otorgar en las organizaciones los que hacen fracasar o hacer que sea un éxito una estrategia definida, ya que son ellos los que a través de sus recursos (conocimiento, habilidades, competencias, motivación, actitud …) los que llevan a cabo la entrega de servicios, en una industria donde cada vez más está compuesta por empresas que no producen sino que prestan servicios.
Para poder cumplir con unos objetivos, deberán conocer los empleados cuáles son, cómo conseguirlos y cómo les afecta particularmente a cada uno de ellos. Por lo tanto nos damos cuenta que la comunicación y hacer converger las necesidades de los empleados con los intereses de la empresa es fundamental, garantizando el éxito de la puesta en marcha de cualquier estrategia.
Para que esto sea posible, es decir, para alinear a los empleados con la consecución de los objetivos corporativos, es necesario traducir la estrategia a términos operativos, haciendo de esta el trabajo diario de todos los empleados siempre liderado por la dirección, a través del ejemplo, facilitando los recursos necesarios para llevarlo a cabo. Por lo tanto es necesario proponer unos objetivos para cada individuo con adecuados sistemas de retribución, incentivando su consecución.